jueves 17 de febrero de 2011
Tú.
Me gusta sentir tu respiración en mi cuello. Que te acerques poco a poco rozándome con tus labios. Que tu mirada se clave en la mía. Me gusta que entrelaces tus manos con mi pelo. Que juegues a besarme cada parte de mi cuerpo. Que tu lengua recorra cada rincón de mi boca. Me gusta acariciar tu espalda desnuda, y que tú lo hagas. Que me atrapes en tus brazos y no me dejes escapar. Que me agarres fuerte por la cintura. Me encanta que te quedes sin aliento. Que susurres palabras indescifrables. Que te pierdas en cada uno de mis movimientos. Me encanta desearte. Me encanta que me desees.
miércoles 13 de octubre de 2010
Principio de algo grande.
Hoy lo ha vuelto a ver, a su niño de ojos chocolate. Es increíble la forma en que una persona te cambia la vida. Y aún más increíble es ver que cada día lo necesitas tanto que ya no te reconoces ni tú misma.
Ella es Charlotte y ésta es su historia.
I won't go home without you.
Ella es Charlotte y ésta es su historia.
I won't go home without you.
lunes 23 de agosto de 2010
Niña de ojos verdes.
Querida niña de ojos verdes:
He meditado mucho sobre si escribirte esta carta o no. Puede que te resulte bastante extraño, de hecho a mí me lo parece. Es difícil recordar lo feliz que eras hace apenas un par de años y en lo que te has convertido. Me invitaste a entrar en tu vida y ahora me he apoderado casi por completo de ella. Aún así tú seguías admirándome, adorándome cada día más, sin saber porqué. Me necesitabas cada vez más. Ya no te ves con fuerzas para huir de mí, para echarme y recuperar a aquella dulce niña de ojos verdes.
Me ofreciste un trato, yo te ayudaba a cambiar y tú serías feliz. Pero poco a poco me fui introduciendo más y más en tu mente hasta hacerme con el control casi absoluto de tu vida. Fingiste durante mucho tiempo poder manejarlo, no eras consciente de que sola no lo ibas a conseguir. Yo mientras tanto seguía haciendo mi trabajo hasta que dejé de ser un ideal para convertirme en tu peor pesadilla.
Sentías que me necesitabas cada vez más. Como si no pudieses vivir sin mí, como si me quisieras. Me convertiste en tu amiga, después en tu hermana y ahora ocupo tu lugar. Ése no fue el trato, pero yo era algo adictivo para ti, imposible de alejar de tu mundo. Todo esto ha acabado siendo una relación enfermiza de amantes que no pueden vivir el uno sin el otro.
Te castigabas y culpabas de todo lo que te estaba ocurriendo. Heridas, gritos, angustia, soledad. Yo lo observaba desde dentro, sabiendo que al día siguiente volverías a mí. Sé que entiendes el dolor que estoy causando a todos los que te rodean, a tus padres, a tus amigos, a ti misma. Ellos sufren cada uno de tus ataques y desprecios porque ahora yo controlo tu cuerpo, ése que me entregaste algún día.
El tiempo pasa y tú ya casi no lo notas. Te estás ahogando en ti misma y necesitas escapar. No seré yo quien te salve pues gracias a mí estás al borde de la autodestrucción. Tampoco pediré perdón, tú me dejaste entrar en tu vida y tú debes sacarme de ella. Aún así, espero que encuentres el valor suficiente para leer algún día esto y saber que la que lo escribió ya no existe; que tú la arrancaste de tus entrañas.
No te aferres a mí como vía de escape, como forma de vida, porque no soy más que una enfermedad que te está corrompiendo poco a poco. Y aunque tú creas que me necesitas, recuerda que no es más que una obsesión enfermiza.
Si consigues sacarme de tu mente, déjame pedirte un favor: nunca más vuelvas a invitarme a tu vida, nunca más me dejes ocupar tu cuerpo porque estoy hecha para destruir y no pondré objeción.
No olvides mis palabras.
Sin más,
Anorexia.
He meditado mucho sobre si escribirte esta carta o no. Puede que te resulte bastante extraño, de hecho a mí me lo parece. Es difícil recordar lo feliz que eras hace apenas un par de años y en lo que te has convertido. Me invitaste a entrar en tu vida y ahora me he apoderado casi por completo de ella. Aún así tú seguías admirándome, adorándome cada día más, sin saber porqué. Me necesitabas cada vez más. Ya no te ves con fuerzas para huir de mí, para echarme y recuperar a aquella dulce niña de ojos verdes.
Me ofreciste un trato, yo te ayudaba a cambiar y tú serías feliz. Pero poco a poco me fui introduciendo más y más en tu mente hasta hacerme con el control casi absoluto de tu vida. Fingiste durante mucho tiempo poder manejarlo, no eras consciente de que sola no lo ibas a conseguir. Yo mientras tanto seguía haciendo mi trabajo hasta que dejé de ser un ideal para convertirme en tu peor pesadilla.
Sentías que me necesitabas cada vez más. Como si no pudieses vivir sin mí, como si me quisieras. Me convertiste en tu amiga, después en tu hermana y ahora ocupo tu lugar. Ése no fue el trato, pero yo era algo adictivo para ti, imposible de alejar de tu mundo. Todo esto ha acabado siendo una relación enfermiza de amantes que no pueden vivir el uno sin el otro.
Te castigabas y culpabas de todo lo que te estaba ocurriendo. Heridas, gritos, angustia, soledad. Yo lo observaba desde dentro, sabiendo que al día siguiente volverías a mí. Sé que entiendes el dolor que estoy causando a todos los que te rodean, a tus padres, a tus amigos, a ti misma. Ellos sufren cada uno de tus ataques y desprecios porque ahora yo controlo tu cuerpo, ése que me entregaste algún día.
El tiempo pasa y tú ya casi no lo notas. Te estás ahogando en ti misma y necesitas escapar. No seré yo quien te salve pues gracias a mí estás al borde de la autodestrucción. Tampoco pediré perdón, tú me dejaste entrar en tu vida y tú debes sacarme de ella. Aún así, espero que encuentres el valor suficiente para leer algún día esto y saber que la que lo escribió ya no existe; que tú la arrancaste de tus entrañas.
No te aferres a mí como vía de escape, como forma de vida, porque no soy más que una enfermedad que te está corrompiendo poco a poco. Y aunque tú creas que me necesitas, recuerda que no es más que una obsesión enfermiza.
Si consigues sacarme de tu mente, déjame pedirte un favor: nunca más vuelvas a invitarme a tu vida, nunca más me dejes ocupar tu cuerpo porque estoy hecha para destruir y no pondré objeción.
No olvides mis palabras.
Sin más,
Anorexia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)